XIV
Rizal, Mabini, del Rosario y Luna,
hijos míos y tuyos son. Cada una
lleva en la frente un evangelio escrito.
Si yo les dí mi maternal entraña,
no empresa mía fué, sino de España,
fundir el alma en su troquel bendito.
XV
La Cruz de Arrechedera y Urdaneta
está en mis cielos, tabla es que sujeta,
cuando zozobra, al bien; porque a despecho
de las más encontradas ambiciones,
tu religión, tu fé, tus tradiciones,
han abrigo recóndito en mi pecho.
XVI
En el curso del tiempo, desenvuelto,
tú, España, volverás,--¿Qué amor no ha vuelto?--
Presa en la red del propio bien perdido:
serás un ave, enferma de añoranza,
que va a volar cuando la noche avanza,
en dirección al solitario nido...
XVII
Si están ahitos de llorar tus ojos,
y en otros días te causara enojos,
la era de paz y de perdón se inicie.
¡Oh, qué mejor que tras la despedida,
seamos como el agua, en dos partida,
que se torna a juntar en la planicie!