Siempre lo mismo, siempre igual. Mi vida,
cansada está de sus antiguos vuelos,
y estúpida persigue la medida
carrera de dos rieles paralelos.
¡Siempre igual!... Hay la misma establecida
mudéz indescifrable de los cielos;
la misma torpe humanidad vencida
besando la cadena de sus duelos.
¡Oh! ¡Quién, teniendo fuerzas lapidarias,
pudiese ese banal mundo de parias
sostener como un Atlas en sus hombros;
y sacudirlo, en un supremo esfuerzo,
a ver si así revive el Universo;
o se sepulta al fin en sus escombros!

«TIRONG»

Caballeresco tipo que de otros tiempos queda,
forma nota discorde con el siglo presente.
Bien merece el prestigio de casacas de seda,
con una espada al cinto y un chambergo en la frente.
Así podría abrir camino a cintarazos
al paso de su potro que corre como el viento
mientras, acongojada, desmáyase en sus brazos
una dama arrancada al dolor de un convento.
Y en el seno tranquilo de la noche sombría,
con el ojo avizor, su fuga seguiría
hasta que el nuevo sol derramase su brillo,
A tiempo que a través de floridos jardines
resonasen triunfantes clangores de clarines
desde los alminares de su feudal castillo...


[Lazcano (Edilberto)]

Presbítero. Colabora en «El Debate», de Manila. Ha comenzado a versificar, para el público, hace poco; pero ya tan formado literariamente, que merece un lugar en este PARNASO.

DIPTICO

I

LA CAMPANA

¡Oh España, de sin par ejecutoria,
que a tu cabeza unciste el Universo:
del sol de tu poder radiante y terso
hoy sólo queda pálida memoria!
Más, ya hundida la torre de tu historia
bajo las olas de un olvido adverso,
aún repica sonora como el verso
la campana gloriosa de tal gloria.
En el templo ideal del alma humana
es tu lenguaje esa inmortal campana;
y es de su voz el eco soberano
la virtud de cien pueblos diferentes,
para avanzar, seguros y valientes,
por la ancha vía del progreso humano...