1917.
LAS NOCHES DE CITA
Todas las noches, a la sombra amena
de un frondoso macizo floreciente,
yo acudía con paso diligente
y con el alma de ilusiones llena.
Veía a poco su cuerpo de azucena
avanzar indeciso, lentamente,
mientras un ansia de pasión ardiente
daba a mi pecho hervores de colmena.
Juntos los dos en dulces embelesos,
volviamos al cuento de los besos,
sin pensar que es voluble la fortuna.
Y sólo nuestro ardor se interrumpía
cuando ya en el azul se desleía
la dorada sonrisa de la luna.
1917.
EL PASIG
En una vega ubérrima y tranquila,
bajo el quemante ardor de un sol de estío,
sonoro y riente se desliza el río
desde el lago de Bay hasta Manila.
Bruñe la faz de su caudal bravío
brillante luz que todo refocila,
y se entorna ofuscada la pupila
al contemplar tan fulgido atavío.
Al saludo jovial de la cañada
y del sipao que trina en la enramada,
su romántica y triste serenata,
van pasando sus linfas transparentes
bajo el arco de hierro de los puentes
como una eterna procesión de plata.
A LA GLORIA
En la aurora de mi vida,
aún sin dolores aciagos,
te he visto, de azul vestida,
flotando en mis sueños vagos.
Despertaron mi dormida
pasión tus dulces halagos,
tornaste en arpa mi vida
y fuí cisne de tus lagos.
Y ahora qué en ellos me agito,
con una sed de infinito
y la visión de mi cruz
¿porque le niegas ¡oh gloria!
a mi breve trayectoria
tu eterna estela de luz?
1917.