Heidelberg, Abril 1896.

ULTIMO ADIOS

(ES LA POESÍA MÁS HERMOSA Y POPULARIZADA DE JOSÉ RIZAL. LA ESCRIBIÓ EN LA REAL FUERZA DE SANTIAGO DE MANILA, DONDE SE HALLABA PRISIONERO, POCAS HORAS ANTES DE SU FUSILAMIENTO.)

¡Adiós, patria adorada, región del sol querida,
perla del mar de Oriente, nuestro perdido edén!
a darte voy alegre, la triste mustia vida:
si fuera más brillante, más fresca, más florida,
también por tí la diera, la diera por tu bien.
En campos de batalla, luchando con delirio,
otros te dan sus vidas, sin dudas, sin pesar.
El sitio nada importa: ciprés, laurel o lirio,
cadalso o campo abierto, combate o cruel martirio,
lo mismo es, si lo piden la patria y el hogar.
Yo muero cuando veo que el cielo se colora
y al fin anuncia el día tras lóbrego capúz:
si granas necesitas para teñir tu aurora,
¡vierte la sangre mía, derrámala en buena hora,
y dórela un reflejo de su naciente luz!
Mis sueños cuando apenas niño o adolescente,
mis sueños cuando joven, ya lleno de vigor,
fueron el verte un día, ¡joya del mar de Oriente!
secos los ojos negros, alta la tersa frente,
sin ceño, sin arrugas, sin manchas de rubor.
Ensueño de mi vida, mi ardiente vivo anhelo,
¡salud! te grita el alma que pronto va a partir.
¡Salud...! ¡Oh, que es hermoso caer por darte vuelo,
morir por darte vida, morir bajo tu cielo,
y en tu encantada tierra la eternidad dormir.

Si sobre mi sepulcro vieres brotar un día,
entre la espesa yerba, sencilla humilde flor,
acércala a tus labios y bésa el alma mía,
y sienta yo en mi frente, bajo la tumba fría,
de tu ternura el soplo, de tu hálito el calor.
Deja a la luna verme con luz tranquila y suave,
deja que el alba envíe su resplandor fugaz,
deja gemir al viento con su murmullo grave;
y si desciende y posa sobre mi cruz un ave,
deja que el ave entone su cántico de paz.
Deja que el sol ardiendo las lluvias evapore,
y al cielo tornen puras con mi clamor en pos;
deja que un ser amigo mi fin temprano llore,
y en las serenas tardes, cuando por mí alguien ore,
ora también, ¡oh patria! por mi descanso a Dios.
Ora por todos cuantos murieron sin ventura,
por cuantos padecieron tormentos sin igual,
por nuestras pobres madres que gimen su amargura,
por huérfanos y viudas, por presos en tortura,
y ora por tí, que veas tu redención final.
Y cuando en noche obscura se envuelva el cementerio
y sólo, sólo muertos queden velando allí,
no turbes su reposo, no turbes el misterio:
tal vez acordes oigas de cítara o salterio:
soy yo, querida patria; yo que te canto a tí.
Y cuando ya mi tumba, de todos olvidada,
no tenga cruz ni piedra que marquen su lugar,
deja que la are el hombre, la esparza con la azada,
y mis cenizas, antes que vuelvan a la nada,
el polvo de tu alfombra que vayan a formar.

Entonces nada importa me pongas en olvido.
Tu atmósfera, tu espacio, tus valles cruzaré.
Vibrante y limpia nota seré para tu oído;
Aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido,
constante repitiendo la esencia de mi fe.
¡Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores,
querida Filipinas, oye el postrer adiós!
Ahí te lo dejo todo: mis padres, mis amores;
voy a do no hay esclavos, verdugos ni opresores;
donde la fe no mata, ¡donde el que reina es Dios!
¡Adiós, padres, hermanos, trozos del alma mía,
amigos de la infancia en el perdido hogar!
¡Dad gracias que descanso del fatigoso día...!
¡Adiós, dulce extranjera, mi amiga, mi alegría!
¡Adiós, queridos seres...! ¡Morir es descansar!


[Sacramento (Vicente A.)]

Poeta mozo. Colaboró en la Sección femenina de «La Vanguardia» cuando la dirigía Adelina Gurrea.

ERMITA[38]

Es so la arena de oro de la Ermita
donde mi musa su canción ensaya,
perla de luz y rosa que palpita
bajo el beso del Sol sobre la playa.
Quizás de mi alma en sus nostalgias haya
--lucero, golondrina o sampaguita,--
el verso alado que a besarte vaya,
o la canción que en mi ilusión dormita.
Que inspiraste el cantar de mis cantares
y mis estrofas se alzan como altares
en donde, hermosa y única y aurina,
sobre un temblor de ardientes resplandores
y de incensarios mágicos y flores
¡tu eres la hostia de mi amor, divina!

1919.