(Las dos amigas permanecen pensativas, acariciando mentalmente la dulce quimera de su felicidad fugitiva.) J.—Aunque estoy cierta de que Pantoja es un botarate, creo que siempre me saluda con especial cariño.

A.—Y á mí.

J.—Recuerdo que su declaración la formuló en términos tan apasionados, tan vehementes...

A.—A mí también me dijo algo que no he olvidado... (Pensativa.)

(Pausa).

J.—(De pronto.) Vaya, vaya... Juanito es un hombre diabólico que sólo sirve para amante.

A.—Y en esos galanes tan seductores, tan apuestos, que sólo sirven para amantes...

J.—No hay que pensar.

A.—Es lo mejor.

J.—(Riendo.) Hasta después que estemos casadas.