A.—¿Cualquier novio sirve para marido?
J.—Cualquiera.
A.—Pero ¡qué pocos novios merecen ascender á la categoría de amantes!
(Pausa).
J.—Pantoja es un conversador irresistible.
A.—Sí: ¡cuánto habla y qué bien lo dice todo!
J.—La mujer que logre rendirle será feliz.
A.—¡Oh, sí!... ¡Muy dichosa!...
J.—Debo de ser altamente halagador eso de poder decir: mi marido es el más gentil, el más valiente, el más ingenioso, el más seductor de los hombres... Y en sus mocedades fué una mala cabeza, un gran perdido, que burló á muchas incautas y que yo sólo pude rendir...
A. (Suspirando).—Sí... la fábula de doña Inés inocente, rindiendo al Tenorio libertino, es el bello ideal de todas nosotras. ¡Y pensar que dentro de algunos meses nos casaremos con Enrique y con Luis!...