S.—¡Naturalmente; un amigo! ¡Lo que tantas veces te aconsejé que debes procurarte!... Porque, mira: con los hombres debe hacerse lo que con los trajes: hay uno nuevo, para salir de día, ir al teatro, exhibirse en público... este es el marido. El amante es el traje modesto conque salimos de noche, por calles solitarias... ó al campo, para tendernos libremente sobre la hierba..!
C.—(pensativa.) ¡Si Ricardito supiera!...
S.—(con gran interés.) Oye, á propósito: ¿qué hay de eso?
C.—Nada nuevo.
S.—¿Te escribe?
C.—Todos los días... y me sigue... y no me deja á sol ni á sombra.
S.-¿Y tú?
C.—Desdeñándole.
S.—¿Y tu marido?
C.—Como los maridos de Bocaccio: en la higuera.