S.—¡Excelente muchacho!
C.—¿Te parece?
S.—Yo le protegeré.
Pausa. Las dos interlocutores meditan.
S.—Conque, ¿vienes?
C.—No me atrevo.
C.—No, no soy cobarde... pero, reconoce que la caída de las mujeres depende, más que del deseo...
S.—Sí, de la ocasión.
C.—Tú lo digiste.