D.—Quiere hablar con usted.

C.—¡A estas horas!

D.—Los hombres enamorados son terribles, está loco por usted... y como yo le dije que el señor no vendría hasta mañana... (Ríe mirando al público.)

C.—¡Ah, está bien!... Te vendiste al ladrón...

D.—(Humilde.) Señora...

C.—Desde este momento quedas despedida.

D.—(Sonriendo.) Creo que la señora cambiará de opinión hablando con el señorito Ricardo.

C.—¡Miserable! (Exaltándose.)

D.—Lo dije sin intención... (Humilde y burlona.)

C.—(Cayendo desfallecida sobre el diván.) ¡Todo se conjura contra mí!... El desprecio de mi marido, los consejos de Susana... mi desnudez... la música, el calor húmedo de esta noche diabólica...