«El que busca algo fuera de Dios y la salvación de su alma, sólo hallará tribulación y dolor. No puede vivir mucho tiempo en paz quien no procura ser el menor y el más sujeto á todos...»

¿Conque importa ser pequeño y sumiso y esclavo de las ajenas voluntades si queremos ser acreedores á la redención perdurable?... ¿Conque nada positivo hay fuera de Dios; y la gloria, el amor y los placeres que la belleza y el dinero allegan son tentaciones nefandas, de las cuales, los puros de corazón, deben apartar prestamente los no mancillados ojos...

Bajo el soberbio manto azul del cielo, la tierra, flagelada por los fecundantes abrazos del sol, entonaba un germinal glorioso; el viento arrastraba los acres perfumes de las florecillas silvestres; las enredaderas ceñían el tronco de los árboles con afición lúbrica; los insectos encelados cantaban un epitalamio bajo la hierba; entre el follaje, los pajarillos se picoteaban pensando en sus nidos...

Pedro, inmóvil, permanecía con los ojos muy abiertos, viendo imaginarios rostros femeninos que le guiñaban desde lejos, sintiendo que la brisa escarabajeaba su piel, precipitando el curso de su sangre, musitando en sus oídos las ardientes estrofas del eterno poema de los deseos...

—¿Entonces, para qué nací?—pensaba el seminarista.

Se reconocía humillado dentro de su sotana, que le condenaba á esterilidad perpetua, y nunca le parecieron más tristes y más dignos de lástima sus compañeros, corriendo entre el verde vestidos de negro...

Maquinalmente tornó á coger el libro que sobre las rodillas tenía, lo abrió por cualquiera parte, y leyó:

«¡Oh torpeza y dureza del corazón humano, que solamente piensa lo presente, sin cuidado de lo porvenir!..»

Y más adelante:

«Cuando fuese de mañana, piensa que no llegarás á la noche; y cuando fuese de noche, no te oses prometer la mañana...»