«Ayer se suicidó, disparándose un tiro en el pecho, un joven decentemente vestido, llamado Julio Pérez.»

No pudo seguir leyendo; el cansancio cerraba sus ojos; el periódico resbaló de la cama al suelo.

No sucedió más.

Por una errata deslizada en aquel apellido, el sacrificio del pobre muerto no tendrá historia; las noches de Mariana Paredes no tendrán pesadillas...

¡Más vale así!

CREPÚSCULO
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Cae la tarde; un vientecillo suave arrastra por el suelo húmedo las primeras hojas secas; las lejanías del paisaje desaparecen tras el vaho neblinoso que enceniza el cielo; los árboles, de donde huye la vida, levantan sus ramas con desesperado ademán y su gesto simula responder á la conciencia que tienen de que la muerte llegará fatalmente para ellos con la paralización de la savia; los herbazales que visten los recuestos también están tristes, amarilleando entre el lodo; á lo largo de las tapias algunas enredaderas alargan sus ramas escuetas; bajo el espacio triste la tierra toda se estremece en una convulsión agónica.

Personajes: Ella; treinta años. Avanza rápidamente, mirando á todas partes con los hermosos ojos muy abiertos por la impaciencia de ver pronto al amado, que la espera. Viste sombrero redondo de fieltro y un gabán varonil, con cuello Imperio y doble hilera de botones, que la llega á los pies: es alta, elegante y lamida de formas como una amazona inglesa.

El: treinta y cuatro años; gallardo y simpático; su delicado temperamento de sentimental lo reflejan la mirada distraída de sus ojos, ensombrecidos por el insomnio; su frente, abrillantada por el nimbo indefinible de los ensueños; la línea de sus labios que, habiendo gustado los amargores de la vida, quedaron algo tristes.

Eulalia.—(Viendo, de pronto, al galán que entretiene su fastidio leyendo un periódico.) ¡Niño, ya estoy aquí...!