Por momentos hablaba con mayor limpieza, dió algunos pasos hacia adelante y despertó. Su cara entonces cubrióse de sorpresa; tuvo conciencia plena de sí mismo. Estaba medio desnudo, descalzo...
—¿Qué significa esto?—balbuceó.
En el sonámbulo fantasmal resucitaba el hombre de siempre. Ahora sus ojos, sus ademanes, su voz, eran los de costumbre. Tranquilizada súbitamente, Rita volvió á sentarse.
—Estabas soñando—dijo—y á no ser por mí te echas á la calle según te ves.
Muy despacio, porque no concluía de recobrar la posesión de sí mismo, Toribio Paredes repuso:
—Hablaba con don Gil Tomás.
—Eso me dijiste, y querías marcharte con él.
—¡Es cierto!... Quise marcharme con él. Miró á la mujerona.
—¿Tú le viste salir?
—¿Que si yo vi salir á don Gil?... ¿Y de dónde?...