—¿Con él?... ¿Quién es él?...

—Ese... don Gil Tomás... Me voy con don Gil Tomás.

Palideció Rita.

—¿Qué dices? No entiendo; ¿dónde te espera don Gil?

—¡Ahí, ahí!... Viene á buscarme.

Extendía un brazo hacia la puerta de la calle. De súbito comenzó á restregarse los ojos con ambas manos. La mujerona agregó:

—¿Ha dicho él que te espera?

—Sí... sí...

—¿Cuándo?...

—No; no me lo ha dicho... Es que conversábamos... Don Gil ha salido...