—¡Oh! ¡Acaba de una vez!... ¿Cuándo?

Por los ojos verdes, verdes como esmeraldas, de la pecadora, pasó una mirada de perdición, de locura, que luego pareció resbalar por sus mejillas hasta trocarse en sonrisa sobre la línea tiránica de sus labios.

—¿Cuándo?—repitió.

Inconscientemente el estudiante tuvo miedo, pero se rehizo pronto.

—Sí, habla; ¿cuándo?

—No sé.

—Dílo, dílo.

—Es un disparate.

—No importa; dí, ¿cuándo?

Suavemente, ella repuso: