O bien:

“—¡Miranda de Ebro!... ¡Cambio de tren para los viajeros de Bilbao, Logroño, Castejón, Pamplona, Zaragoza y Barcelona!...”

Y la maravillosa Sierra de Pancorbo se levanta delante de mí.

La voz evocadora grita:

—“¡Buenos quesos de Burgos!...”

Y pasa la histórica ciudad, con su caserío obscuro sobre el que la catedral levanta el encaje prodigioso de sus dos torres.

—“¡Puñales y navajas de Albacete!...

Es la Mancha, de color ocre, desarbolada y adusta, y también la ilusión verde de la región valenciana, que va acercándose.

—“¡Tortas de Alcázar!...”

Son las noches frías, el aire que corta, la lluvia ingrata.