—¿Y Mauricio?

—Fuma sin cesar; muéstrase receloso; acaba de prender su quinta pipa.

—¿Y Raúl?...

—“El bello Raúl” duerme... o lo finge...

Estábamos ciertos de presenciar aquella noche algo extraordinario, y nuestra inquietud era tan aguda que hicimos partícipes de ella a la mayoría de los trenes—mercancías o correos—que se cruzaban con nosotros. Las emociones, cuando son fuertes, poseen la virtud de democratizar; la emoción emplebeyece, tiende a la igualdad...

—Llevamos gente sospechosa—les gritábamos al pasar.

Ellos, que, por informes recogidos aquí y allá, en la ruta, sabían de quiénes les hablábamos, respondían:

—¿Son los cuatro franceses que ganaron la frontera hace unos días?

—Sí.

—¡Ah!... ¡Ya nos contaréis cuando volvamos a encontrarnos a la vuelta!...