¡Oh, deja!... No hablemos del presente. Tenías razón: el presente es feo.
RAMONA
Habla... sigue, Joaquín... Aunque me engañes, sigue...
JOAQUÍN
No, no te engaño: es mi alma romántica, mi alma sincera, la que en estos momentos se derrama por mis labios. Al verte, te quiero como te quise entonces... lo mismo, y es que el pasado vuelve. ¿Qué me importa tu historia? La Ramona que tengo ahora delante es aquélla, la de los años mozos; años de locura, de inconsciencia, en que no nos cabía en la boca la risa. En mi largo combate por la gloria y por el pan, salí triunfante. ¡Lo gané todo! Honores, posición, esposa, hijos... y, sin embargo, en mi alma, de donde contigo voló la alegría primera, una voz clamaba, clamaba perpetuamente, y esa voz decía: «Dame más, dame más... otra cosa, otra... rebusca... ¿ó es que no hay bajo el cielo más que lo que me diste?...»
RAMONA
Como yo.
JOAQUÍN
Como tú...
RAMONA