¿Nunca te ha pedido dinero?

ALICIA

Nunca.

ÁNGELES

Porque también los hay...

ALICIA

También. (Pausa.) Te advierto que siento hacia Ricardo, más que un verdadero amor de amante, una pasión espiritual de madre, de protectora. Me gustaría aconsejarle, orientarle, dirigir su vida, servirle á la vez de timón y de escudo. Tú conoces las fiebres sensuales de los diez y ocho años. Pues bien: muchas noches esquivo sus labios y le obligo á trabajar. «¿Te sabes tus lecciones de mañana?—le digo—. ¿No?... Pues á estudiarlas ahora mismo. Quiero que estudies, que subas, que brilles en tu carrera. No olvides que soy más vieja que tú y que, el tiempo andando, puedo necesitar de ti.» Y el pobrecillo coge sus libros...

ÁNGELES

¿Pero tiene sus libros aquí?

ALICIA