VICTORIA
Acabaríamos por envidiar la suerte de las monjas.
ÁNGELES
Todo anda muy mal; no hay dinero.
VICTORIA
(A Elena, y con marcado interés). Oye... Mariano, el marquesita, ¿te llevó dinero anoche?
ELENA
¡No!
VICTORIA
Yo le vi á mediodía, en la calle de Alcalá, frente á las Calatravas, y al pasar á su lado, muy disimuladamente, le tiré un pellizco. Verás... Sigo andando, y al llegar á la esquina de Fornos, mi buen Mariano me alcanza. «¿Cómo estás, Victoria?» «Vaya usted al cuerno—le digo—; lo que ha hecho usted con mi amiga es una porquería.»