— ¡Y no tenemos anamesón más que para una carrera! — exclamó la muchacha, exaltada, con espanto.
De dos rápidas zancadas, Erg Noor, jefe de la 37ª expedición astral, se aproximó a la esfera purpúrea.
— ¡La quinta vuelta!
— Sí, ya estamos dando la quinta. Y… nada — confirmó la muchacha, dirigiendo una elocuente mirada al altavoz del receptor automático.
— Ya ve que no es posible dormir. Hay que reflexionar bien acerca de todas las variantes y posibilidades. Al final de la quinta vuelta, tenemos que haber hallado la solución.
— Eso son otras ciento diez horas…
— Bueno, echaré un sueño aquí, en el sillón, cuando cesen los efectos de la sporamina.
Tomé una tableta hace veinticuatro horas.
La muchacha quedó un momento pensativa; luego, se decidió a insinuar:
— ¿Y si redujéramos el radio de nuestro círculo? Tal vez esté averiada su emisora.