— ¡Gracias por la noticia, Veda! Será para mí una gran alegría volver a ver a Dar Veter.

— Lo verá sin falta… Pero no le he dicho aún todo. Merced a los esfuerzos del planeta entero, ya están preparadas las reservas de anamesón para la nueva astronave Cisne.

Usted…

— Iré. El planeta mostrará a la tripulación, como despedida, lo más hermoso y preciado de la Tierra. Como ellos también hubieran deseado ver la danza de Chara en la Fiesta de las Copas Flamígeras, ella misma irá a bailarla al cosmopuerto central de El Homra. ¡Allí nos encontraremos!

— ¡De acuerdo, querido Mven Mas!

Capítulo XV. LA NEBULOSA DE ANDRÓMEDA

En el África del Norte, al Sur del golfo de la Gran Sirte, se extendía la inmensa llanura de El Homra. Antes de la debilitación de los ciclos alisios y del cambio de clima, se encontraba allí una hammada, desierto sin hierba alguna, todo cubierto de pulidos guijarros y angulosas piedras de un matiz rojizo, origen del nombre del lugar: «Hammada la Roja.» En los días de sol, era un mar de cegadores destellos de fuego, y en las noches de otoño e invierno, un océano de fríos vientos. Ahora sólo quedaba de la hammada el viento; corría impetuoso por la firme planicie levantando olas en la alta hierba, de un color de plata con reflejos azules, trasplantada de la estepa de África del Sur. El ulular del viento y la hierba que se inclinaba, abatida por él, despertaban un sentimiento nostálgico y de afinidad del alma con la naturaleza esteparia, como si todo aquello se hubiera visto ya en la vida más de una vez y en diversas circunstancias: de dolor y de alegría, de pérdida y de hallazgo…

Cada partida y cada aterrizaje de una astronave dejaban en la llanura un calcinado círculo envenenado de cerca de un kilómetro de diámetro. Aquellos círculos se rodeaban de una cerca metálica, roja, y permanecían aislados durante diez años, plazo dos veces mayor que el de la disgregación de los gases de escape de los motores. Después de cada aterrizaje o despegue, el cosmopuerto era trasladado a otro lugar. Ello daba a las instalaciones y locales un carácter provisional y asemejaba el personal del mismo a los antiguos nómadas del Sahara que, hacía varios milenios, vagaban por allí montados en unos animales gibosos, de alzado cuello curvo y callosas patas, denominados camellos.

La planetonave Barion, que hacía su decimotercero raid de las obras del sputnik a la Tierra, trajo a Dar Veter a la estepa de Arizona, que continuaba desierta incluso después del cambio de clima, debido a la radiactividad acumulada en su terreno. En la Era del Mundo Desunido, en los albores del descubrimiento de la energía nuclear, habíanse efectuado allí multitud de experiencias y pruebas de nuevos tipos de maquinaria. Hasta el presente se conservaba el efecto nocivo de los productos de desintegración radiactiva, demasiado débil para causar daño al hombre, pero lo suficientemente fuerte para detener el crecimiento de los árboles y arbustos.