—¡Dios no lo permita! Antes que encontrarme en el estrecho de Torres con este tiempo, preferiría verme delante de una escollera.

—Pues delante de una escollera creo que nos encontramos, señor Stael—dijo Van-Horn, que se había levantado de pronto.

—¿No es la costa australiana la que estamos viendo?

—No; es una larga línea de escollos.

—¿No te equivocas, Horn?—preguntó el Capitán con ansiedad.

—No; los he visto al resplandor de un relámpago, mientras hablabais con el señor Cornelio.

—¿Tendremos que virar en redondo y emprender otra vez la lucha con la tempestad?

—No, Capitán. Aquí encontraremos un refugio mejor que el que pudiera ofrecernos una bahía en la costa australiana. Si no me equivoco, he visto un atol, y hasta árboles.

—¿Está abierto el atol?

—Sí; he descubierto un canal abierto a través de los corales. Esperemos un relámpago, Capitán.