—Mejor para nosotros—dijo—. Pasaremos aquí el resto de la noche, y dormiremos perfectamente.

—Retiraremos las escalas—dijo Cornelio.

—Ya se lo he prevenido a Horn.

Mientras tanto, Hans y el chino ascendieron por la escala y entraron en la casa, y a poco, en pos de ellos, el piloto, el cual retiró las pértigas para que no pudieran subir los piratas.

—¡Ya tenemos casa!—exclamó Hans.

—Una verdadera fortaleza—añadió Cornelio—. Desafío a los piratas a que nos descubran.

—Si es que no nos han descubierto ya—dijo el piloto entrando—. Me temo que esa canalla sepa más que nosotros.

—¿Has visto algo sospechoso?—preguntó el Capitán con inquietud.

—Quizás me engañe, señor Van-Stael; pero mientras retiraba las pértigas me pareció oir un ligero silbido por el lado de la selva.

—¿Habrán descubierto nuestras huellas?