—No lo sé, Capitán.

—Pero con esta obscuridad, ¿cómo?—preguntó Cornelio.

—Los salvajes tienen mejor vista que nosotros—respondió el viejo piloto—. A veces ven más que los animales nocturnos.

—¿Y para qué querrán hacernos prisioneros?

—Para apoderarse de nuestros fusiles, Cornelio—dijo el Capitán—. Su insistencia no se explica de otro modo.

—¿Aprecian mucho las armas de fuego?

—Naturalmente; porque sólo tienen arcos y cerbatanas. Con fusiles, estos piratas pueden llegar a ser verdaderamente invencibles para los naturales de la costa.

—Pues si quieren subir hasta aquí, ya tienen que hacer.

—No lo creas—dijo Horn—. Con romper los horcones que sostienen la casa nos harán venir al suelo. Con sus parangs, que son unos machetes muy pesados y cortantes, pueden hacerlo facilísimamente.

—¡La caída que daríamos sería buena!