—¿Habrá alguna aldea por estas cercanías?
—Lo temo, Cornelio; y será prudente alejarse cuanto antes de estos sitios.
—Pues busquemos la chalupa.
—Vamos a ver. Empiezo a estar inquieto.
—¿Temes que la hayan descubierto?
—Sí, Cornelio.
—Sería un gran desastre para nosotros.
—Sí, sobrino mío. Allí veo el teck que ha de servirnos de guía: la chalupa tiene que estar a pocos pasos de ese árbol enorme.
—Sí, Capitán—repuso Van-Horn—: no podemos equivocarnos.
—Apresurémonos: me consume la impaciencia.