—¿Y qué has hecho? ¿De dónde vienes? ¿Quién eres?
—Soy un papú del Durga, hijo del jefe Uri-Utanate.
—¡Del río Durga!—exclamó el piloto—. ¡Ah, qué suerte! ¿Está muy lejos tu aldea?
—A dos días de marcha.
—Y ¿por qué te has alejado de ella?
—Porque quería matar a Orango-Arfaki, jefe de los montañeses, enemigo de mi padre y de mi tribu.
—Y ha sido él quien ha estado a punto de matarte a ti.
—¿Qué le estás diciendo?—preguntó Cornelio.
—Os lo explicaré. Debéis saber que cuando dos tribus están en guerra, los más valientes juran matar a los jefes enemigos, y procuran hacérselo saber. Los jefes, advertidos, hacen cuanto pueden por apoderarse de esos juramentados, y los hacen perecer quemados entre espinos resinosos. Es una antigua costumbre de estos pueblos.
—Y este papú es hijo de un jefe, por lo que he podido entender.