El joven lo estiró, y leyó:

"Prisioneros de los salvajes. Nos llevan hacia el Durga.—Van-Stael."

—¡Han sido sorprendidos y hechos prisioneros—exclamó Horn—; ¿pero, por quiénes? ¿Por los papúes o por los arfakis? ¿Los harán esclavos, o se los comerán?... ¡Uri-Utanate!

El papú pareció no haberle oído: había arrancado una flecha clavada en un tronco, y la miraba con atención.

—¡Uri-Utanate!—repitió el marino.

Esta vez el salvaje le oyó, y se le acercó diciéndole:

—Yo conozco esta flecha.

—¿La conoces?—exclamó Van-Horn.

—Sí; y pertenece a los guerreros de mi tribu.

—¿Estás seguro de no equivocarte?