—¿Tu hijo?—exclamó Van-Stael—. ¡No sé quién es!
—Había venido aquí para matar al jefe de los arfakis.
—No lo he visto.
—¡Mientes!—gritó el papú—. ¡Tú lo has matado!
—Te repito que no lo he visto.
—Los europeos son nuestros enemigos.
—Yo no he sido nunca enemigo tuyo.
—Tú quieres engañarme; pero eres mío, y serás mi esclavo, o te entregaré a mis súbditos para que te coman.
—Estás borracho, papú—dijo el Capitán, que iba perdiendo la calma—. ¿Qué historia es ésa que me cuentas?
—¿Qué hacéis en este bosque?