—Después les va a pesar... ¡vamos!... ¡un poco de energía y arriba!... Vean que esos dolores perduran mucho si se les anda con paños tibios... ¡Vamos, pues, arriba!... Montamos a a caballo...

-¡Ay!...

-¡Ay!...

—...y nos vamos de un galope...

-¡Ay!...

-¡Ay!...

—...hasta lo de Anastasio.

Todo fue inútil. La resistencia estimulada por dolores muy agudos, llegó a la más rotunda negativa ante la idea de galopar «hasta lo de Anastasio».

—¡Pues yo voy!—dijo Melchor,—y voy no sólo porque estoy comprometido conmigo mismo a ir, sino porque también me duele el cuerpo y estoy en la certeza de que si hoy me dejo dominar por los dolores, mañana no podré moverme; conque, hasta luego.

—¿No vendrás a almorzar?... ¡Ay!...