—¿Y a qué hora llegamos a Trenque Lauquen?—interrumpió Lorenzo.

—A las cinco; pero tenemos que pasar allí la noche para salir mañana a la madrugada, bien temprano, camino de la «Celia».

—¿Y a la estancia?—insistió Lorenzo.

—Si los caminos están buenos, de 5 a 6 de la tarde.

—¡Todo el día en coche! ¡Qué horror!

—No; se hace una parada para almorzar y... sestear en la posta del «Paso»... ¿Qué te parece, Ricardo, una siesta en pleno campo?

—¿El qué?...

—¡El qué!... ¿Estás dormido?

—Estaba distraído.

—Bueno, ya llegamos; ahora en el tren te repetiré el caso.