—Bien del todo, no, señor; pero está mejor... eso sí... y cuidándose no ha de suceder nada... ¿y sabe la novedad, niño?—agregó dirigiéndose a Lorenzo,—que la niña Sofía está pedida y según me dijo la señora que le dijera, que parece que para mayo o junio.

—Sí, Rufino, Sofía me escribió dándome la noticia.

—Las niñas no hablan de otra, cosa, niño, y todos los días se llenan de amigas que la felicitan ¡y es un ir a las tiendas!... ¡Mire que da trabajo un casamiento!...

—¡Cuénteselo a don Ricardo, amigo!—dijo Baldomero riéndose.

—¿Y por qué a mí?... Más cerca lo tiene a Melchor.

—Ahora que me hace acordar: me dijo la señora, don Melchor, que le dijera que la niña Clota los acompañó sin descanso en los días que el señor estaba peor.

—Pero... ¿qué ha estado mal el viejo?—le preguntó Melchor.

—Sí, señor... al principio no estuvo muy bien, ¿no le decía?... pero ya va mejor.

El grupo se dirigió a la caballeriza de donde regresó a las piezas interiores a las que Rufino y Baldomero llevaron los paquetes de que aquél era portador y que fueron colocados en la mesa de la sala.

Rufino entregó a Lorenzo algunas cosas diciéndole: