—¿Ya están listos, muchachos?—preguntó amablemente, casi sonriendo.
—Sí, Melchor... ya estamos listos—le contestó Lorenzo, profundamente abatido;—¿no tienes nada que mandar?
—Nada, ché... recuerdos... y si van por casa le dices al viejo que le voy a escribir... y que yo iré dentro de unos días...
—¿Cuándo?... más o menos.
—¡Hombre!... Cuando me desocupe.
—¿Tienes algún trabajo que realizar?...
—El que correspondería al mayordomo... un establecimiento como éste... aunque no sea gran cosa, necesita un mayordomo.
—¿Y Baldomero?...
—Por ahí andará—dijo Melchor como si contestara a la pregunta, dirigiéndose hacia su zaino y agregó:—cuando quieran.
Los dos viajeros se despidieron de todas las personas del servicio y al disponerse a hacerlo con Melchor, éste les dijo: