—Así es—contestó Lorenzo,—y ha prosperado extraordinariamente.

—¿Qué población tiene?

—Cerca de treinta mil habitantes.

—¿Tanto, eh?... Y Melchor, ¿dónde está?

—Me dijo que ya venía... Aquí viene.

—Fui a hacer un telegrama—dijo Melchor, respondiendo a Ricardo.

—¿Un telegrama?... ¿a quién?

—Menos averigua Dios, y perdona... ¿Subamos?

Instalados en sus asientos y de nuevo en marcha, Ricardo no pudo reprimir su curiosidad e insistió en su pregunta:

—Y al fin, ¿a quién telegrafiaste?