—¿El amor?—le interrumpió vehementemente Melchor, y riéndose al mismo tiempo que hablaba, le dijo:—¿el amor?... ¡qué gracioso!... ¿el amor?... ¡daltonismo puro!
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—Va a ser la una—dijo Lorenzo mirando su reloj,—me está dando sueño.
—Es la digestión.
—¡No, señor!—interrumpió Melchor.—No es la digestión... ¿qué sabes tú?... Si fuera la digestión, sentiría siempre el mismo sueño después de comer; ¡es el aire!... es un efecto de oxigenación... es ya la obra del ambiente puro del campo.
—Tal vez tienes razón; pero me siento como si hubiera tomado alcohol.
—Exactamente... eso es... una especie de...
—Borrachera sin vino—dijo Ricardo.
—Justamente; tal es la sensación que todo habitante de las grandes ciudades experimenta en el campo, bajo la influencia del aire puro... El organismo, acostumbrado al aire enrarecido y contaminado de la ciudad, siente las consecuencias de una oxigenación más intensa, y como el oxígeno es el elemento vital, por excelencia, llegamos a la conclusión de que estás, Lorenzo, empezando a sentirte... ¡ebrio de vida!...
—¡Si fuera así!