—¿Los diarios, no?... ¿Tú querías los diarios, Ricardo?
—Sí... pero, ¿quieres creer...? A mí también me está dando sueño.
—¡Yo... me... duermo!—agregó Lorenzo.
—Pues aprovechen... ¡nada!... Recostarse y dormir, que quien duerme come.
-¿Y tú?
—Yo no tengo sueño... voy a leer los diarios.
Lorenzo y Ricardo se dispusieron a dormir un rato, acomodándose lo mejor posible en los asientos, no muy amplios, mientras Melchor sacaba los diarios que había puesto en la percha y se ubicaba en un asiento inmediato.
Antes de desdoblarlos se levantó y fue a bajar las cortinillas del sitio en que estaban sus dos amigos.
—Voy a bajarlas para que nos les incomode la luz.
—¡ Qué buena idea!