Y aquí se acabó toda la enseñanza. Lo importante es obtener un grado de mandarín, única aristocracia personal, no hereditaria, en China, a la que tiene opción el individuo cualquiera que sea su origen, y que si se otorgase exclusivamente al mérito, en vez de adjudicarse al mejor postor, justificaría en los chinos el dictado de celestiales con que se adornan; pero ya te dije al hablar de los juegos cómo se verifican estos exámenes.
Nueve son los grados de mandarín y se distinguen por el botón o bellota con que adornan su sombrero. Este es como una gorra de jockey, a la que se le añadiese, en lugar de visera, un ala o baranda como la de un sombrero calañés ceñida al casquete, es decir, sin vuelo y tan alta como este, teniendo por remate en el centro de la copa, su borla de fleco encarnada y el botón distintivo de la categoría. Su efecto es el de un cubo de ancha base, puesto por la boca sobre el cráneo.
El botón rubí o rojo transparente, es el signo de los mandarines de primera clase, la más elevada. Su número es de veinticinco. Seis están en el ministerio, quince presiden los tribunales de provincia y cuatro tienen a sus órdenes al ejército. Todos ellos han de ser letrados y forman el Consejo del emperador.
El botón rojo coral opaco, lo usan los mandarines de segunda clase, en la que están comprendidos los magistrados y jefes militares, y los de los ramos de la administración pública, entre ellos los gobernadores de las provincias.
El zafiro o azul transparente, corresponde a la tercera clase, o sea a los presidentes de los tribunales de segundo orden, en las provincias, estando comprendidos en la cuarta los individuos de estos mismos tribunales con derecho al uso del botón azul opaco.
La quinta y sexta, relativas a cargos públicos de menor importancia, se diferencian por el botón blanco transparente y blanco opaco; y la séptima, octava y novena, que abrazan los maestros de instrucción y los encargados de la vigilancia y conservación del orden público, ostentan el botón dorado, ya liso, ya trabajado a cincel.
Su número total asciende a 25.000; de ellos, 15.000 pertenecientes a ramos civiles y 10.000 al ejército, si bien estos pueden triplicarse en caso de guerra.
Los cuatro grados principales son: el de siut-sai o bachiller, cuyos exámenes escritos, verificados por el sistema celular y juzgados por tres tribunales distintos a pliego cerrado y con lema, como en los concursos poéticos, tiene lugar anualmente en las ciudades todas del imperio. El siut-sai se subdivide en ling-sen, que con sueldo del Estado, sirve a las órdenes de mandarines de alto rango; en seng-seng o agregado del ling-sen, con sueldo temporal, y en fu-hio, o sea una especie de alumno de la normal dedicado a la enseñanza.
El grado inmediato superior es el de Ku-jin o licenciado, el primero que da aptitud para aspirar a los cargos públicos, y cuyos exámenes, verificados como todos, por el mismo sistema celular, tienen lugar en la capital de la provincia.
El de Tsin o doctor, y el de Ham-ling profesor, han de pasarse en Pekín. Todos los gastos en época de exámenes, son costeados por el emperador. Y ya en aptitud por razón de su categoría, lo mismo desempeña el mandarín un cargo en la magistratura que en la administración, en el ejército que en la marina. Lo compra y luego lo usufructúa como mejor le place, con arreglo a la tarifa de su capricho. Ya te he dicho que, una vez mandarín, el chino puede y debe dejarse crecer el bigote.