CAPÍTULO X
En que tiene lugar un incidente que parece insignificante y es, sin embargo, de mucha importancia
La pérdida de un ser querido es una de las más terribles pruebas a que puede exponerse la sensibilidad humana: y aun así la aflicción pasa por distintas gradaciones según las circunstancias que han acompañado al hecho.
—Al menos ha muerto en su cama y rodeado de los suyos —le dicen al atribulado pariente los encargados de consolarle.
—Y ha tenido usted la satisfacción de que Dios se lo conserve hasta una edad avanzada —añaden otros.
Y efectivamente, todas estas reflexiones son un lenitivo al dolor que, resultado de una máquina pensante y contante, paga la situación en su justo precio reservándose para las grandes catástrofes el máximum de intensidad.
Ahora bien: imagínense los lectores cuál sería la disposición de ánimo de los viajeros ante aquel quinto acto de una tragedia para cuyo desenlace no había Deus ex machina posible. Porque un novio es algo más que un pariente a los ojos del objeto de su cariño; y además de la amargura de separarse para siempre del suyo, las enamoradas doncellas sufrían el vejamen de ver que, siendo el amor un numen que engrandece cuanto toca, a ellas al revés, se les achicaba todo entre las manos.