El ritual chino prescribe que la novia quede en su casa hasta que la comitiva nupcial vaya en su busca para transportarla a la del marido. Determinóse, pues, que los viajeros volviesen a su morada de donde al día siguiente por la noche iría a sacarla el cortejo imperial.
Despidiéronse todos de Hien-ti y de su ministro; y, acompañados de una guardia de honor, para custodiar exteriormente el Anacronópete, y de multitud de esclavos cargados de provisiones y presentes, se encaminaron los anacronóbatas al vehículo cuya puerta abrió Benjamín entrando en él el primero.
En cuanto los servidores se hubieron retirado y los centinelas esparcido por los alrededores del coloso, a distancia respetuosa, don Sindulfo tocando el regulador y soltando una carcajada:
—No dirán que no los engañamos como a chinos —exclamó.
Pero de pronto quedóse pálido; el engañado era él. El aparato eléctrico no funcionaba. Estaban reducidos a prisión.
CAPÍTULO XIV
Un huésped inesperado