El políglota, buscando la lógica de tamaño fenómeno, supuso, y así se lo comunicó a su amigo, que la momia al volver a la vida los había visto en la bodega a través de algún resquicio de la caja; pero que, expuesta a síncopes frecuentes antes de entrar en la plenitud de la existencia, había perdido la noción del tiempo en sus alternativas de insensibilidad, atribuyendo así a épocas remotas sucesos recientes. Error craso, como se probará en el curso de esta inverosímil historia.

—¿Pero qué significa esta música? ¿Qué anuncian estos aprestos de fiesta? —preguntó Sun-ché al oír unos golpes de gong con los que se daba a entender a la comitiva que la hora avanzaba y que la paciencia del emperador tocaba a su término.

Entonces King-seng narró lo ocurrido y puso al corriente a su soberana de cómo Hien-ti, pretextando al pueblo su muerte por accidente natural, se disponía a celebrar segundas nupcias con la extranjera a cuyos parientes había ofrecido, en cambio del consentimiento, el secreto de la inmortalidad.

—Miente el infame —exclamó con voz de trueno la emperatriz—. Lo que medita es vuestro exterminio; pero no lo conseguirá.

Y por un instintivo movimiento se abrazó a don Sindulfo como para defenderle de toda asechanza.

—No hay más; la ha flechado —dijo Juana a su señorita—. A ver si así la deja a usted de mortificar ese sinapismo.

—No lo conseguirá —replicó el maestro de ceremonias—; porque presintiendo que aún no habíais exhalado el postrer suspiro, vuestros parciales solo aguardan a que dé principio la ceremonia para provocar la rebelión.

—Pues bien, marchemos; yo os guiaré al combate.

—Poco a poco —objetó Benjamín, a quien el bélico entusiasmo de la augusta señora cercenaba las probabilidades de éxito si, vencidos en la refriega, no podía hacerse dueño del talismán que tanto ambicionaba—. La prudencia dicta meditar bien el caso antes de abandonarse a una aventura peligrosa.

—Sí —adujo King-seng—. Vuestra egregia persona no debe exponerse. Todo está ya previsto para caer oportunamente sobre el tirano cuando menos lo presuma. No por anticipar el triunfo lo convirtamos en derrota.