Estos casos prueban que cada cual tiene que soportar sobre sus hombros no sólo el peso de las consecuencias de sus actos, sino también las determinaciones de su destino. Las limitaciones que impone a la conducta el determinismo social son, por otro lado, fuentes de responsabilidades reales que no se derivan de los actos de las personas.

La vida social por sí sola exige todas las responsabilidades necesarias a la vida social misma, responsabilidades que son relativas y se desprenden de la convivencia de los hombres y de la reciprocidad que debe reinar entre ellos. El libre albedrío no hace falta para establecer esta clase de responsabilidad, la única necesaria a la vida social.

Al contrario. «Ya que es imposible, dice Simmel, fundar la responsabilidad sobre la libertad se puede justificar el ensayo de hacer nacer a ésta de aquélla. Del instinto de defensa, que la finalidad natural ha desarrollado por selección, ha podido brotar el impulso de rechazar el mal, venga de donde venga, sin distinguir en un principio si el causante ha sido realmente culpable y si ha procedido intencionalmente o sin libertad; el salvaje golpea a su fetiche. Jerjes hizo azotar al mar, y el niño da golpes a la piedra en que tropieza. Estas represalias, en virtud de su propio carácter impulsivo, comenzaron por practicarse sin excepción. Pero pronto se cayó en la cuenta de que en una cantidad de casos no se alcanzaba ningún fin, porque el objeto inculpado era insensible o no resultaba resguardo alguno de reaccionar en su contra. Aceptando, pues, que la represalia es un hecho que debe servir a la custodia del individuo, se introdujo en ella una diferenciación, y en lugar de la reacción ciega que reclamaba ojo por ojo, diente por diente, se consideró más acertado aplicar la imputabilidad sólo cuando podía cumplir con el fin indicado. No me cabe la menor duda de que un individuo es considerado «responsable» cuando la reacción punitiva es capaz de alcanzar sobre él el fin del castigo, sea este fin su mejoramiento, su intimidación o cualquiera otra cosa. Cuando las cualidades del hechor dan lugar a pensar que el procedimiento del castigo será inútil o superfluo, entonces se dice que se encuentra en estado de irresponsabilidad». (Einleitung in die Moralwissenschaft, II, p. 212.)

De esta suerte queda establecido que no es necesaria la idea de libertad para fundar la responsabilidad. Ésta encuentra una base sólida en las necesidades que se desprenden de la convicencia de los hombres, en la reciprocidad que debe reinar entre ellos y en la reacción que todo organismo social ejercita para asegurar su subsistencia.

Todos los problemas sociales se reducen desde este punto de vista a suprimir las reacciones inútiles e injustas, que sólo son manifestaciones de incultura de la opinión y de los poderes públicos; a constituir así un medio social que permita el completo desarrollo y la expansión del pensamiento y de la actividad del individuo.

VIII
EL SENTIMIENTO DE RESPONSABILIDAD Y SU EDUCACIÓN.—CONCEPTOS DEFINITIVOS DE LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD.

Tócanos hablar ahora del sentimiento de responsabilidad.

Este sentimiento se desprende de la conciencia de la relativa situación de reciprocidad en que se encuentran todos los hombres; de la conciencia de la identidad personal; de la certidumbre de la reacción social; y del conocimiento de las consecuencias que han de derivarse de los hechos de que uno mismo es causa.

Este estado no reposa, como se ve, sobre la idea del libre albedrío, sino que constituye un complicado producto de la herencia y de la educación, cuyo incremento marcha parejas con el perfeccionamiento gradual del individuo.