Así como la mayor libertad no significa otra cosa que un aumento de posibilidades de acción, de igual modo la mayor responsabilidad expresa un aumento de posibilidades de previsión, acompañada del sentimiento de un orden moral que nos liga con lazos de solidaridad a los demás hombres.
Estas condiciones de libertad y responsabilidad tal como las entiendo empírica y relativamente, marchan también de una manera paralela.
A más capacidad de acción reflexiva, o sea mayor libertad, corresponde una más alta idea de la propia personalidad y de sus responsabilidades.
Lo dicho nos hace avanzar algo en la cuestión de la educación del sentimiento de responsabilidad. Esta es una labor perfectamente realizable por medio del proceso siguiente:
La educación intelectual y moral debe llevar a la mente del joven educando el mayor número de representaciones posibles de las facilidades u obstáculos que encontrará en su camino, de los placeres o dolores que recibirá su alma, según obre en un sentido u otro, de los deberes y sentimientos morales con que debe considerarse unido a los demás hombres.
Es cuestión de una buena educación también que este caudal de impulsos, de previsiones y de sentimientos, lo adquiera de la manera más activa imaginable, en virtud de su propia experiencia. Estas representaciones y sentimientos son en algunos casos propulsores y en otros inhibidores. El aumento de actividad, de previsión y de moralidad que se puede obtener de esta suerte, por medio de la educación, lleva envuelto el desarrollo de la individualidad y de la responsabilidad, unidas a la concepción de un orden moral que liga a todos los hombres y los obliga recíprocamente entre sí, no en virtud de una libertad y responsabilidad absolutas, sino a causa de la mutualidad relativa que resulta de nuestra convivencia en la tierra.
Mis ideas sobre el determinismo y la responsabilidad relativa no las bebí primeramente en los libros, sino que las saqué de mi experiencia de profesor. La mala conducta de los niños enfermizos, degenerados, mal criados, o que eran enviados al liceo por hogares en que no reinaba el orden, me inspiraba compasión antes que cualquier otro sentimiento. A ellos no los hice culpables de sus desaciertos. Creo que este estado de ánimo coadyuva poderosamente a la obra de la educación en lugar de perjudicarla.
Movido por ese sentimiento de simpatía hacia los educandos delincuentes, no se les aplica ningún procedimiento correctivo porque sean malos en sí mismos, sino sólo en cuanto sea posible mejorarlos con ellos. En este sentido, la idea misma de responsabilidad es un procedimiento educador, es un estimulante encaminado a enaltecer, a desarrollar la idea de la propia personalidad.
Un papel análogo desempeña la idea fuerza de libertad, como la llama Fouillée, idea que hace las veces de una sugestión o de una auto-sugestión para impulsarnos a la acción, y que debe ser aprovechada por el educador.
Creo que la idea determinista aplicada a las relaciones sociales y la negación de la responsabilidad absoluta, daría tan buenos resultados en la vida social como ha dado y puede darlos en la educación. El señor Valentín Brandau ha probado detalladamente cuán perjudicial, y no sólo inútil, es el principio de responsabilidad para defender a la sociedad de los atentados criminales. (Política Criminal Represiva, t. I.)