Mirando a los individuos como seres determinados por sus antecedentes, les aplicaríamos la reacción social, los medios de corrección y mejoramiento, las medidas preventivas y eliminativas, sólo en cuanto fuesen necesarios estos procedimientos para perfeccionar a los individuos que manifestaron tendencias antisociales, o para librar de su nocividad al grupo social. Viviríamos entonces en una atmósfera de benevolencia que haría pensar que se habían encarnado por fin en nosotros aquellas hermosas palabras de Jesús: «No juzgues y no serás juzgado».

Así vemos que las ideas de libertad y responsabilidad absolutas no tienen ningún valor social. El edificio social y moral no se derrumbaría en caso de que desaparecieran.

Seguramente quedaría mejor. ¿A qué sirven entonces esos conceptos? No se me ocurre otro,—dicho sea con perdón de los que piensen de distinta manera,—que el de la suerte que han de correr los hombres en la improbable vida futura. Considerar al hombre como culpable absoluto del bien o del mal que hace, es la premisa necesaria para darle en el viaje de ultratumba o billete hacia la mansión de la gloria eterna o pasaporte para el infierno.

Fijemos ahora la comprensión de los conceptos que hemos analizado.

La libertad es un término abstracto con que representamos un conjunto de circunstancias que acompañan a la actividad consciente. Estas circunstancias son: la idea del yo; la representación de varias posibilidades, que significan poder sobre nosotros mismos y sobre los objetos exteriores; la ignorancia del porvenir, cuyas complejas contingencias no podemos prever detalladamente; y la ignorancia de los fenómenos subconscientes que se operan dentro de nosotros. Estas circunstancias son tan precisas, que si se suprime cualquiera de ellas se desvanece la idea de libertad.

Ha sido un error oponer la libertad al determinismo, como cosas incompatibles. Esto es lo mismo que decir que un cuadro no puede existir porque tiene marco. Lo contrario de la libertad es la no libertad, es decir, la negación de las condiciones recién apuntadas.

La responsabilidad es también una expresión abstracta con que designamos los estados psíquicos complejos formados por la creencia en la libertad, la facultad de prever, y el sentimiento de un orden moral de solidaridad.

Para terminar, es menester no silenciar que, siendo las ideas de libertad y responsabilidad, al mismo tiempo que puras abstracciones, voces con que se han designado aspiraciones muy concretas en cada momento histórico de la vida individual y social,—la acción de ellas se encuentra por doquiera en toda la historia de la humanidad.

Estas ideas podrían servir de hilo conductor para una historia universal. Quedarían comprendidos ahí los perdurables conflictos entre el individuo y la sociedad, entre las clases dominantes y las clases explotadas, entre súbditos y déspotas, entre naciones poderosas y pueblos débiles. Se vería cómo esta lucha tiende a la emancipación del individuo y de los grupos sociales frente a otros individuos y a otros grupos sociales, y que el resultado apetecido no se obtiene por medio del aislamiento que conduce a la misantropía, sino en virtud de la coordinación de las voluntades individuales dentro de un orden superior. Para estas luchas que anhelan el máximum de libertad, no cabe concebir otro término que la formación de la conciencia de la humanidad, que permita un equilibrio aproximadamente justo de todas las tendencias. ¿Querría decir la realización de ese ideal que habría llegado para el esfuerzo humano su última hora? ¡Ah, no! los esfuerzos del hombre sobre la naturaleza tendrán siempre por delante un campo inagotable de aplicación, y de esta suerte es posible proponer la siguiente fórmula definitiva: El máximum de libertad (o sea la situación más adecuada al mejor desarrollo individual y social) se encontrará en la armonía justa entre todos los hombres, unidos de una manera solidaria, en una acción común sobre los objetos y las energías del mundo.

¿Envuelve quizá esta fórmula la visión de un estado que se encuentra muy distante para nuestra especie?