«Pasaremos a la observación de otros hechos. El estudio del origen de la sociedad americana es preciso para el sociólogo. Se ve ahí el principio de una sociedad en plena luz de la historia. Los hechos que han ocurrido en las colonias inglesas de las faldas de los Alleghanys han debido verificarse de un modo muy análogo en la alta antigüedad. Es menester considerar que todas las sociedades humanas han empezado en cierta época por el establecimiento de algún grupo en un país desierto, como lo hicieron los emigrantes de la Gran Bretaña cuando llegaron al nuevo mundo. Después de la sumisión de una raza por otra, dicen los darwinistas, sobrevienen para formar una asociación superior el establecimiento de las castas, la desigualdad política y la sustitución de la ley a la fuerza. Ninguno de estos períodos considerados indispensables se encuentran en la historia de los Estados Unidos. He aquí cómo se ha constituído esta sociedad: hombres libres e iguales se han agrupado primeramente en comunas (townships); comunas iguales y libres han organizado voluntariamente el Estado colonial para su mayor seguridad y comodidad. Por fin, Estados iguales y libres han organizado voluntariamente y con un interés positivo el Estado federal. ¿Se ven aquí las castas, la desigualdad política y luego la supresión de esta desigualdad y el establecimiento de la justicia? Que a veces las cosas hayan pasado en el mundo de acuerdo con el esquema de Ratzenhofer es incontestable. Pero que las cosas no pueden pasar de otra suerte está decisivamente contradicho por los hechos.

«Ratzenhofer puede responder que él habla del origen del Estado en la época primitiva; pero, fuera de que es imposible determinar en qué momento principia y concluye este período primitivo, tal punto de vista no resiste a la crítica. Una teoría científica o es verdadera para todas las épocas o es falsa. Un sociólogo no puede escoger fantásticamente un momento cualquiera de la historia de la humanidad y decir que no toma en consideración lo que ha sucedido después. Los acontecimientos de 1870 han constituído tan completamente (o más quizá) un Estado (la Alemania), como los que se han verificado en la aurora de la historia. Es muy frágil una teoría aplicable sólo a la época prehistórica, sobre la cual se tienen datos extremadamente inciertos. Nada más cómodo que las novelas prehistóricas; tan sólo es menester no olvidar de referirlas como tales y no confundirlas con la ciencia severa y positiva. ¿Qué se diría de un naturalista que en un tratado de embriología no quisiere considerar los seres que nacen a nuestra vista sino únicamente los nacidos en la época terciaria?

«Así el esquema de la formación del Estado elaborado por Ratzenhofer no resiste ni la crítica de la lógica ni la de los hechos. A este esquema erróneo, continúa Novicow, voy a oponer el que me parece corresponde a la realidad más de cerca.

«El hombre desciende de un animal inferior; ha comenzado, pues, por ser nómade. Mientras fué así, los límites de la asociación humana no han podido ser marcados por el territorio. Han sido determinados por las relaciones individuales, por los lazos del parentesco, real primero y después real y ficticio. Es el período de la horda, del clan y de la tribu.

«Después el hombre se establece en un territorio determinado; se pone a practicar la agricultura y a construir habitaciones. Sucesivamente aparecen la diferenciación del trabajo y el cambio. La producción crece y se diversifica. Entonces son creadas unas después de otras las instituciones de todo género que aseguran el funcionamiento de la actividad económica y política. Al mismo tiempo, en virtud de la vida sedentaria, el lazo social se transforma lentamente (lo que requiere siglos): de individual se convierte en territorial. Una aglomeración más densa, la ciudad, alrededor de la cual se agrupan los agricultores, es la primera forma de esta nueva entidad: es la comuna, la cité, el municipio o el township. Cuando relaciones frecuentes se establecen entre ciudades vecinas, se hace sentir la necesidad de darles una organización de conjunto o, en otros términos, de fijar un cierto número de normas jurídicas. Ciudades o comunas unidas entre sí forman el Estado. Gracias a la organización más perfecta de este grupo social, se desarrolla la riqueza, es posible el ocio, y con éste nacen las necesidades de la inteligencia. Tal es la marcha normal de la evolución social. Se ve que en ella la guerra no es necesaria, como no lo es la enfermedad para agrupar en asociación biológica los 60 trillones de células que forman el cuerpo humano».

No es posible dejar de conocer que Novicow ha sido más sólido en el ataque al darwinismo social que en la construcción de su propia doctrina. Su esquema es demasiado simple y fácil. Conviene recordar, antes de poner punto final a esta parte, que los autores que sostienen teorías que pueden quedar comprendidas dentro del darwinismo social más o menos atenuado no son, por supuesto, únicamente los tres nombrados en líneas anteriores. L. Stein en su obra La Question sociale au point de vue philosophique se expresa en los siguientes términos sobre el origen del Estado: «Comprenderemos ahora cómo se ha efectuado el paso de la sociedad al Estado. La caza, trabajo impuesto a los hombres por las condiciones económicas, colocó a los grupos sociales, que en tiempos anteriores habían sido pacíficos, en un estado de guerra perpetua. O bien acechaban el momento de caer oportunamente sobre sus vecinos, o bien se esforzaban en no ser sorprendidos por ellos. Así surgió y se constituyó el tipo guerrero, cuya nitidez y precisión fueron aumentado con el transcurso de las edades. Este tipo exigía imperiosamente la división de la sociedad, en gentes industriosas y en protectores. El proceso de las diferenciaciones progresó desde entonces rápidamente. La primera división en estados había roto el comunismo primitivo, roto el curso ordinario de la sociedad gentil; sólo el nacimiento del Estado hizo imposible un bellum omniaum contra omnes.

Se ve que, según Stein, si el Estado no es el resultado de la conquista de un grupo social por otro, se deriva, sin embargo, necesariamente de la guerra entre los grupos.

Volviendo para terminar, a nuestro autor, debemos decir que si bien es cierto que sus doctrinas están exactamente citadas por Novicow cuando éste se propone atacar el origen que los darwinistas atribuyen a las formas superiores de la sociedad y del Estado, con todo, esas citas no constituyen la expresión completa de las teorías de Mr. Ward. Cualesquiera que sean las ideas del sociólogo norteamericano sobre el génesis del Estado, no afirma que la violencia sea la única manera de lograr el establecimiento de esa forma social. Al contrario, como tendremos que verlo más adelante, el remedio que indica para nuestros males sociales consiste en el perfeccionamiento del organismo social por medio de una mayor conciencia social, por medio de una educación amplísima; en el establecimiento de una forma de gobierno que se llama Sociocracia, o sea el gobierno de la sociedad misma, lo que viene a significar en substancia el establecimiento de un Estado superior, que sirva a todos los intereses sociales y no a tal o cual clase, y cuya creación haya sido hecha posible en virtud únicamente del desarrollo de la inteligencia social.

V
OPTIMISMO O PESIMISMO.—MELIORISMO.

Después de este breve e incompleto resumen de las doctrinas de nuestro autor sobre el origen y primitivo desarrollo de la sociedad y del Estado, cabe ya preguntarse con él, dando un paso fuera de la sociología pura: ¿Qué concepto general debemos formarnos de este mundo? ¿Con qué ánimo debemos actuar en esta sociedad en que vivimos? ¿Seremos optimistas? ¿Seremos pesimistas?