«Las voces mismas verificación y validación significan, pragmáticamente, ciertas consecuencias prácticas de la idea verificada y validada.

«La posesión de la verdad, lejos de ser un bien en sí mismo, es únicamente un medio preliminar para otras satisfacciones vitales. Si me encuentro perdido en un bosque y a punto de perecer de fatiga y encuentro la huella de las patas de una vaca, es de suma importancia que yo infiera la existencia de una habitación humana al fin del sendero, porque si razono así y sigo las huellas, me salvo. El pensamiento verdadero es útil aquí, porque la casa que constituye su objeto lo es también. El valor práctico de las verdaderas ideas depende, de esta suerte, primeramente de la importancia práctica que su objeto tenga para nosotros. Los objetos o contenidos de tales ideas no son efectivamente importantes en todo tiempo. En otra ocasión puedo no preocuparme de tal casa, y mi idea de ella, aunque verificable, estará prácticamente desprovista de valor y hará mejor en permanecer latente. Usted puede, pues, decir de una verdad que es útil porque es verdadera y que es verdadera porque es útil. Ambas proposiciones (!) significan exactamente la misma cosa y en particular que hay una idea que ha sido completada y que puede ser verificada.

«Las realidades son, o hechos concretos o especies abstractas de cosas y de relaciones percibidas intuitivamente entre ellas. Además, y en tercer lugar, el término realidad quiere decir el conjunto de verdades que poseemos en un momento dado, porque nuestras nuevas ideas deben ser tomadas en cuenta. Estar de acuerdo con esta triple realidad quiere decir únicamente el poder ser guiado, o directamente hacia ella o hacia sus inmediaciones (surroundings), o el ser puesto de tal manera en contacto con ella que sea posible manejarla a ella misma o a algo relacionado con ella, mejor que si estuviéramos en desacuerdo. La cosa esencial es el proceso de ser guiado.

«Nuestra explicación de la verdad es una explicación de las verdades (en plural), de los procesos que sirven para guiarnos y conducirnos. La verdad, para nosotros, es simplemente un nombre colectivo relativo a algunos procesos de verificación, como lo son igualmente los términos de salud, riqueza, fuerza, que designan otros procesos relacionados con la vida. El concepto de verdad se forma, lo mismo que los de salud, riqueza y fuerza en el curso de la experiencia: es una abstracción creada por el hombre. Las verdades emergen de los hechos y reaccionan después profundamente sobre éstos y agregan algo a ellos. Los hechos en seguida crean o revelan nuevas verdades, y así indefinidamente. La experiencia cambia sin cesar y nuestras proposiciones sobre la verdad tienen que cambiar también.

«Las teorías son instrumentos para la acción (práctica o intelectual) y no soluciones de enigmas en que podemos descansar, (answers of enigmas in which we can rest).»

Las verdades, por otra parte, son simplemente el resultado de una transacción entre ideas antiguas y nuevas. «El individuo tiene un stock de viejas opiniones. Las nuevas experiencias las obligan a extenderse, ampliarse, dilatarse. Algunas de estas resultan en contradicciones con aquellas, de donde proviene una perturbación interior que sorprende a su mente y de la cual trata de librarse modificando su masa de opiniones previas. Salva de estas todas las que puede, porque en materia de creencias somos extremadamente conservadores. Así, trata de cambiar primero una opinión y después otra, hasta que al fin alguna idea nueva logra introducirse en el antiguo stock con la menor perturbación posible. Ideas objetivas que no estén sometidas a este proceso no existen.»

Agreguemos un último rasgo para terminar con los perfiles de la verdad, entendida según las concepciones pragmatistas.

«Con el desarrollo de las ciencias, dice nuestro autor, ha ganado terreno la noción de que las más de las leyes, tal vez todas, son sólo aproximaciones. Las leyes mismas han llegado a ser tan numerosas que ya no se pueden contar y se proponen tantas fórmulas opuestas en todas las ramas de las ciencias, que los investigadores han llegado a acostumbrarse al concepto de que ninguna teoría es absolutamente la trascripción de la realidad y de que todas ellas son utilizables desde algún punto de vista.»

IV