«En la sagrada cohorte de la humanidad somos los que vosotros érais al empezar vuestra carrera, somos peregrinos del ideal. En estos instantes consagrados a vuestros nombres, acudimos a vosotros y rememoramos vuestras hazañas para beber en ellas las fuerzas necesarias. En estas horas solemnes os decimos que anhelamos ser vuestros continuadores y completadores. Os ofrecemos estos votos cual coro de voces del alma con que acompañamos íntimamente las músicas que os ensalzan; os los ofrecemos como flores que han de dar frutos de nuestra voluntad.»
«Así como vosotros cortasteis, hace un siglo, las amarras que mantenían atadas las naves de estos pueblos al tronco de una monarquía decrépita por la falta de toda libertad, así queremos nosotros a nuestra vez cortar las cuerdas que aún atan las velas y limpiar los cascos de las naves de las rémoras que las entorpecen al marchar. Queremos dotar a las naves de luz propia y de recursos abundantes, y a la tripulación ignara, floja y timorata, disciplinarla con equidad e ilustrarla para que no la detenga ningún «más allá», para que no se detenga cuando vea que conoce los nuevos horizontes, el cielo y los mares y sus escollos, de una manera experimental; queremos acudir a donde nos llaman otras escuadras más avanzadas que la nuestra para vivir en concierto solidario y concluir de sondar los misterios del espacio, de la tierra y de la vida inmaterial.»
«Así como vosotros realizasteis, hace un siglo, la que era entonces en el terreno político utopía de la libertad, así aspiramos nosotros a ser los ejecutores de las nuevas concepciones científicas y sociales que el espíritu del tiempo nos pone por delante, como mandatos de las a veces desconocidas, pero siempre inmortales y modestas diosas de la humanidad: la verdad, la justicia y la belleza».
UN CONGRESO DE LIBREPENSADORES
Qué grato placer nos produjo la idea de celebrar en Santiago un Congreso de Librepensadores.
Nos pareció que por este solo hecho ya recorriera a todo Chile en su larga extensión de Norte a Sur, un soplo suave de vida que alegrara los espíritus y dejara tras de sí una estela luminosa.
Como un pequeño eco del gran Congreso de Librepensadores celebrado recientemente en Roma, y también como necesaria manifestación de nuestra vida propia, vendrá este Congreso—si los chilenos lo queremos—a grabar una de las mejores páginas de nuestra historia de pueblo civilizado.
Anhelamos que la noticia sola de este acontecimiento que se prepara conmueva hondamente a cada hombre y a cada joven que se crea con alma y le haga sentir la importancia de ese Congreso: movidos por los sentimientos más elevados, amor a la humanidad, amor a la patria, amor a la verdad, acudir de los diferentes puntos de la República a reunirse en un mismo sitio, ligados por los delicados lazos de aspiraciones intelectuales y morales comunes, para exponer los resultados de trabajos modestos y sinceros, confortar las voluntades para las nobles luchas de la verdad y dar generosos ejemplos a la juventud: éstos son algunos de los valores de semejante Congreso.