Idealismo.—Grandes ideales han movido a los norteamericanos en momentos culminantes de su historia, como ser la unión de las trece colonias que obtuvieron su independencia de Inglaterra en 1783, la defensa de la autonomía del continente americano, encarnada en la doctrina de Monroe, la lucha por la abolición de la esclavitud, y el amor a la democracia, que constituye un leitmotiv en la evolución social y la política de este pueblo.

La fuerza de un resorte idealista se observa hoy día en la acción de una élite formada por millares de personas de ambos sexos que comprenden desde sacerdotes de todas las religiones y profesores hasta los millonarios. No hay problema de la colectividad que no traten de resolver, no hay dolor que no vayan a aliviar, y los beneficios de su voluntad filantrópica y de sus millones pasan las fronteras del país y llegan hasta los huérfanos de Francia y Bélgica o van a tender una mano salvadora al infeliz y secularmente atormentado pueblo de la Armenia.

Es un idealismo práctico de carácter social. Su acción se muestra de una manera estupenda en toda obra de cultura, y en el sostenimiento de bibliotecas y de institutos de educación. Existen en el país, debidas casi en su totalidad a la iniciativa privada, más de tres mil bibliotecas con un total de setenta y cinco millones de volúmenes. Se gastan al año en el mantenimiento de escuelas para el pueblo en toda la nación cerca de seiscientos cincuenta millones de dólares. La renta de las universidades se ha elevado, en virtud de las donaciones y legados que han recibido, de diez y siete millones de dólares que era en 1892 a ciento veinte millones en 1915.

Es este idealismo tan propio del alma americana que es el que informa las doctrinas de sus más genuinos filósofos y pensadores. Como hemos recordado en un capítulo anterior, Emerson fué un moralista y William James ha preconizado en su pragmatismo la prioridad de la acción sobre el pensamiento y la busca de la verdad, no por la verdad misma, sino en cuanto puede servir para la vida. Ideas más o menos semejantes sustenta el filósofo más representativo del momento actual, Juan Dewey; y, aun pensadores que no han comulgado con el pragmatismo, como el sociólogo Lester F. Ward, han señalado a la existencia del hombre la finalidad del «meliorismo» o sea el mejoramiento de la vida, lo que equivale a llegar por distinto camino al mismo objetivo.

Esta filosofía, que puede presentarse como no satisfactoria e incompleta para inteligencias especulativas y ansiosas de ahondar en las últimas razones de las cosas, ha probado ser bastante para espíritus ante todo activos, como los americanos, y, ya hemos visto en el párrafo anterior, que hasta la religión misma ha recibido el sello de esa orientación distintiva del alma nacional.

CAPITULO VII
CARTAS DEL DOCTOR N.—CONCLUSION

Primera Carta.—Los norteamericanos en la gran guerra.—Wilson.—La Sociedad de las Naciones.—La humanidad futura.—Segunda Carta.—Del amor y de la libertad.—Tercera Carta.—Algunas diferencias de la psicología y de las instituciones de los norte y sudamericanos.—Conclusion.—Apreciaciones sobre Europa y Estados Unidos.—Desigualdades sociales en Norte y Sud América.—Los millonarios de acá y de allá.

A principios de 1919 llegó a Boston, procedente de Europa, el doctor N. Venía a conocer de cerca la famosa Escuela de Medicina de Harvard y a recorrer un poco el este del país.