Luego montaron los otros dos, y la Golondrina de un salto se puso en las ancas de una de las caballerías.
Polonia, al verles emprender a galope por el barranco abajo, lanzó un gemido y cayó de espaldas desmayada.
Entonces se agitaron las secas cañas del carrizal de la izquierda y el perro Fortuna asomó la cabeza. Se había refugiado allí rápidamente al ver a los hombres con las escopetas.
Su instinto le había aconsejado aquella retirada, porque sus enemigos eran muchos y ventajosamente armados para vencerlos.[15]
Fortuna permaneció un momento indeciso y moviendo la cabeza con recelo como si temiera alguna emboscada.
Por fin se acercó a donde estaba Polonia desmayada y le lamió las manos y la cara.
Luego levantó de nuevo la cabeza moviendo la negra membrana de su hocico, con esa rapidez nerviosa del perro que ventea un rastro caliente.
De pronto lanzó un aullido apagado, y bajando el hocico hacia el suelo, se lanzó a la carrera por el barranco, siguiendo las huellas de los secuestradores.