Durante su primer viaje á Europa hizo Luz imprimir en París el año de 1830 una traducción del Viaje por Egipto y Siria, de Volney, que salió de casa de Didot en dos hermosos volúmenes en cuarto. Luz no dió su nombre, la portada dice: "obra escrita en francés por C. F. Volney, y traducida al castellano con notas y adiciones por un habanero". Conforme advierte en el prólogo, tenía comenzado ese trabajo desde 1821, y en París lo completó, agregándole notas y apéndices curiosos é interesantes. Haberse dedicado desde muy joven á trabajo de esa especie y rematarlo tan cumplidamente en medio de las distracciones de su excursión, da buena idea de la temprana gravedad y constancia de su carácter. El Viaje es en concepto universal lo mejor que escribió Volney, en un tiempo tan famoso como autor de Las Ruinas de Palmira; nada tiene de lo mucho de exagerado y declamatorio que con razón se tilda en esta última obra, es una descripción tan minuciosa como exacta y erudita de las dos regiones, escrita en un estilo sobrio y hasta seco. La traducción es excelente, modelo de elegante fidelidad. Las adiciones, de la más sólida erudición.

Entre los escritos originales de Luz, tanto impresos como inéditos al tiempo de su fallecimiento, descuellan dignos realmente de interés los siguientes: 1° Los Aforismos sobre diversas materias, en número de más de trescientos: 2° La Oración fúnebre en elogio de Nicolás Escovedo, llena de unción, de elocuencia y de ternura, lo mejor como obra de arte de todo lo que escribió, aunque no sea el arte sino emoción pura y sincera lo que en ella predomina: y 3° á despecho de su carácter técnico, el extenso trabajo sobre la creación del Instituto Cubano, proyecto muy completo, estudiado hasta en sus mínimos detalles, en algunas cosas semejante al que realizó en su provincia natal Jovellanos, "el genio y perseverancia de nuestro inmortal Jovellanos", como dice; pero acomodado con suma habilidad y juicio á las circunstancias especiales de la isla en 1833, cuando los pocos estudios que había en toda ella organizados languidecían, sometidos al clero regular ó secular, y era forzoso no ir en son de guerra contra la poderosa organización.

Consta este Informe de dos partes[62] que abrazan: las enseñanzas, los medios de establecerlas y aprovecharlas, reglamentos, cuestiones prácticas; ambas secciones precedidas de una disertación general, escrita con claridad y vigor, en que plantea y resuelve rápidamente, con gran precisión, algunos espinosos é interesantes problemas de pedagogía. Esta introducción recuerda, sin serle inferior, el tratado que con el título de "Ideas respecto á educación" Some thoughts concerning education, escribió Locke; mas si en esta materia, lo mismo que en las demás disquisiciones filosóficas de Luz, es evidente, reconocida y confesada la influencia del célebre pensador inglés, obsérvase siempre, tanto en el plan y pormenores como en los consejos que dirige á los maestros, (no desaprovechando ocasión de agrandar las cuestiones de educación, y de elevarse al más alto punto de vista para mirarlas por todas sus fases) que no trabaja el filósofo cubano para la aristocrática Inglaterra del siglo XVIII, como Locke; que no olvida un instante que en aquella especialísima sociedad cubana, con los negros (esclavos entonces en su inmensa mayoría) constituyendo las capas más bajas, y con la burocracia militar española en la cúspide, no podía existir ni sombra de aristocracia, pues los pocos "títulos de Castilla" que se oían pregonar, eran un vano y hasta humillante oropel; la masa de los habitantes de raza blanca formaba, por tanto, en cuanto á las relaciones sociales de la vida, una verdadera democracia, aunque en lo político por de contado sin fuerza ó autoridad de ninguna especie. La ambición pedagógica de Luz seguía, por consiguiente, rumbo muy diverso del de Locke; de acuerdo con la fecunda transformación inspirada por el Emilio de Rousseau, que tan felizmente aplicaron y agrandaron Basedow, Pestalozzi y demás continuadores, tendía á formar no grandes señores ni atildados académicos, sino hombres de acción enérgicos, preparados á bastarse por sí solos; así lo declara explícitamente: "hombres más bien que académicos es lo que trata de formar el Instituto Cubano"; y en otro lugar, fija siempre la vista en las necesidades peculiares de la patria, agrega que sólo con ese sistema podrían llegarse á "curar algunas dolencias morales que le aquejan"; es decir, aunque por prudencia no lo advierta, la esclavitud y su secuela de males infinitos.

Lo demás que nos ha quedado de Luz, compuesto en su mayor parte de artículos de polémica sobre cuestiones filosóficas, improvisados en pocas horas las más de las veces para salir en papeles diarios, conserva menos valor; la "Impugnación á las doctrinas de Victor Cousin" combate el análisis amañado y hostil que hizo este profesor francés del Ensayo de Locke sobre el entendimiento humano; es un simple fragmento,[63] en extremo minucioso, que no concluye nada, y cuyo propósito real está mejor, más clara y vigorosamente presentado, en forma aforística, en dos elencos anteriores, que contienen las materias filosóficas sobre que debían ser examinados sus discípulos en 1839 y 1840.

Propendió siempre el talento de Luz á expresarse en forma sentenciosa; y en numerosos aforismos, escritos á veces en tiras sueltas de papel, en viejos sobres de cartas, en el margen de sus libros, depositó su profunda sabiduría, su larga experiencia, la tristeza que le producía el convencimiento de la inutilidad de sus esfuerzos en aquella colonia esclavizada, y también algún hondo y secreto dolor de su corazón. "Hay pensamientos (dijo en uno de ellos, fechado: 1847) que al surgir son como raíces maestras que se quieren llevar todo el terreno", frase desgarradora que descubre al hombre detrás del pensador, que vívidamente trae á la memoria el recuerdo de aquel grave y melancólico rostro, abstraído ó atormentado en una de sus horas de fatiga.

Es esencia de todo aforismo comprimir en una frase ó párrafo breve una suma de pensamientos ó de observaciones; como ha dicho un escritor inglés,[64] es lo contrario de una disertación ó de una declamación; nunca debe ser enigmático ni vulgar, no caer en el "truísmo" ni en el acertijo. Todas las literaturas ofrecen numerosos ejemplos, desde el libro apócrifo de la Sabiduría, atribuído á Salomón hasta muchos otros en nuestros días, y los aforismos de Luz reúnen á veces muy felizmente todos los caracteres enumerados en esa excelente definición.

Algunos, brevísimos, abren con una sola línea vasto horizonte, como éste que, semejando á primera vista simple juego de palabras, sugiere todos los horrores de la trata de África, tal como en Cuba impunemente se practicaba: