El defecto principal de estos trabajos, el que minora un tanto su importancia como arte, aunque dejando intacta su utilidad como obra de erudición, es la exuberancia, no solamente del estilo, á veces demasiado redundante y de un colorido exagerado, sino también de la materia, á menudo desleída y extendida más allá de los límites necesarios, sobre todo cuando se empeña en extractar minuciosamente documentos y seguir hasta sus menores detalles negociaciones diplomáticas cuyo interés no concuerda con la atención que demandan. En uno y otro caso, en el estilo y en la distribución de los materiales, arrastra al autor su doble temperamento de artista entusiasta y de paciente erudito.
Los largos años de estancia en Europa no lo desprendieron de sus raíces en América, y siguió siempre la marcha de las transformaciones políticas de la patria con atenta mirada. Puede colegirse cuales eran sus opiniones de estas palabras con que en carta á su madre, incluida en la Correspondancia, saluda la elección de Lincoln á la presidencia: "Después de este gran veredicto no es posible ya, gracias á Dios, decir que la esclavitud es la ley de mi país ni que la bandera americana donde se presenta lleva consigo la esclavitud". Al comenzar el período crítico de la guerra civil quiso, como era natural, valerse el gobierno americano de su reputación europea y lo nombró ministro plenipotenciario en Austria. Ahí pudo continuar en relativa tranquilidad sus trabajos, buscando en el estudio de lo pasado distracción de las angustias que la situación de la patria discorde y bañada en sangre despertaba en su ánimo, y de que abundan en la Correspondencia pruebas interesantes. Desempeñó con habilidad su encargo, pero la suspicacia y violencia de carácter del presidente Johnson, en una cuestión personal de muy menuda importancia, forzáronlo, al fin, á presentar su dimisión.
Cuando subió el general Grant al poder, obtuvo la representación de los Estados Unidos en Inglaterra, puesto infinitamente más agradable, que aceptó lleno de lisonjeras esperanzas, pues tenía en Londres muchos amigos y contaba que lo ayudarían en el desempeño de su misión, particularmente difícil en esos días en que el gobierno americano estaba con justicia enconado contra el británico por las numerosas pruebas, sólidas y palpables, con que demostró su simpatía por la Confederación de los estados del sur. Pero fueron vanas sus esperanzas, la plenipotencia duró apenas un año, y merece realmente la pena de recordarse y relatarse el modo cómo de súbito y sin previo aviso se la quitaron. Motley, nombrado en virtud de la influencia política de su íntimo amigo el senador Sumner, sin saberlo ni haberlo podido prever, sufrió las consecuencias de un desavenimiento entre Grant y Sumner.
Apenas instalado Grant en la presidencia manifestó el más vivo deseo de anexar la república de Santo Domingo á los Estados Unidos, y al efecto firmó un tratado con Baez que entonces la presidía. Como todos necesitaba ese tratado para tener valor el voto favorable de las dos terceras partes de los senadores, y Sumner en su calidad de Chairman de la Comisión de negocios extranjeros del Senado tenía en esos asuntos preponderante influencia, además del peso que daban á su opinión su antiguo prestigio y sus grandes servicios al partido republicano triunfante. Grant decía que Sumner le había ofrecido su voto en pro, y Sumner afirmaba que se había limitado á declarar que siempre consideraría con el mayor respeto y la más imparcial atención todo lo que viniese de quien era jefe de la nación y jefe del partido á que ambos pertenecían. Sumner, hombre muy orgulloso, que estaba muy engreído y nunca faltó á su palabra, no podía en realidad haber dicho otra cosa; el Presidente entendió probablemente lo contrario; los dos procedían seguramente de buena fe.
El caso fué que el senador, al presentar á discusión el tratado con el informe adverso de la Comisión, demolió uno por uno sus artículos en un discurso de cuatro horas atacando con su habitual vigor á Baez, á los que con él trataron y á todos los que "querían forzar un pueblo débil al sacrificio de su país"; y después de largos debates votó en favor de los proyectos del Presidente la mitad no más de los senadores, quedando, pues, el tratado rechazado.
Grant enfurecido, no pudiendo hacer nada personalmente contra Sumner, ordenó á Hamilton Fish, su Secretario de Estado, que destituyese en el acto á Motley de su cargo en Inglaterra, pues era hechura del senador. Fish obedeció prontamente; la votación del Senado tuvo lugar el 30 de Junio de 1870, y Motley fué destituído por telégrafo el primero de Julio siguiente.
Fué una afrenta inmerecida impuesta á un alto funcionario, que era al mismo tiempo hijo eminente del país, y Presidente y Secretario la llevan á la posteridad como cargo imborrable de su conducta política. Motley lo soportó virilmente sin promover escándalo, pero el golpe le hizo profundos estragos y creen quienes lo conocieron que abrevió su existencia.
Después de la destitución publicó la tercera y última de sus historias con el título "Vida y muerte de Juan de Barneveld", que se liga con los sucesos de las anteriores, y llega hasta donde ya se vislumbra el principio de la guerra de Treinta años. Conserva las mismas brillantes cualidades de las otras, pero el argumento no es susceptible del mismo género de interés palpitante, salvo algunos episodios, como la evasión de Hugo Grocio. Un crítico muy competente la tiene por la más clásica de sus producciones[68].
Hablando en esta última obra de un embajador holandés, Aerssens, á quien trató su gobierno en cierto modo como el general Grant lo había tratado á el, no desperdicia la ocasión de decir que ultrajes de ese género hieren profundamente y que no puede menos de sentirse oprimido de cólera y de dolor el que se ve deshonrado así ante el mundo después de haber cumplido escrupulosamente su deber y defendido los derechos y la dignidad de su patria. Luego agrega refiriéndose siempre á Aerssens, pero la alusión es transparente. "Sabía muy bien que los cargos contra él no eran más que pretextos y los motivos que impulsaban á sus enemigos tan indignos como los ataques mismos; pero no ignoraba al mismo tiempo que el mundo se pone por lo general del lado de los gobiernos contra los individuos, y que raras veces la reputación de un hombre es bastante á defenderlo en tierra extranjera, cuando su propio gobierno alarga la mano, no para protegerlo, sino para asestarle la puñalada".
Más de un pasaje impregnado del mismo sentimiento se encuentra en otras páginas de la obra y en algunas alusiones de la Correspondencia, revelando discretamente que la herida recibida en el pecho no cicatrizaba, que destilaba sangre sin cesar. Las letras, fieles consoladoras de los que en ellas buscan solamente la verdad ó la belleza, le trajeron el único alivio posible en su situación; pero el desengaño amargo le había sorprendido al caer ya la tarde, en período demasiado avanzado de su carrera, cuando los resortes vitales habían perdido mucho de su elasticidad, y el daño resultó irreparable. Quiso luchar, seguir sus estudios, registrar archivos, visitar lugares para la historia ofrecida de la guerra da Treinta años, con la que contaba cerrar dignamente su vida literaria, pero en vano. En 1873, dos años después del penoso desastre, aparecieron los primeros síntomas de la afección cerebral que lo arrebató en 1877. Un mes antes había cumplido sesenta y tres años.