Planta, que floreciendo en el destierro
Suspira por su valle ó su colina,
Simpatiza conmigo; el río, el cerro
Me engaña un breve instante y me alucina:
Y no me avisa ingrata voz que yerro,
Ni disipando el lisonjero hechizo
Oigo decir á nadie: ¡advenedizo!
Pero dadas las condiciones en que se encontraba no debe extrañar sobremanera que fuese cruelmente atacado, ni sería justo deducir cargo demasiado severo contra Chile. En cualquiera otra parte probablemente le hubiera sucedido lo mismo, y es seguro que allí por lo menos obtuvo á la postre grandes y justas compensaciones.
Antes de fijar brevemente nuestra atención en la parte poética de la obra de Bello, haremos ligera indicación de los escritos coleccionados en los demás volúmenes, prescindiendo de los cinco últimos tres de los cuales comprenden exclusivamente sus trabajos como jurisconsulto y codificador, y los otros dos artículos ó científicos ó de viajes ó de algún otro asunto, pero todos de importancia mucho menor.
El tomo primero contiene la Filosofía del entendimiento, tratado póstumo de psicología y lógica, que el autor á su muerte tenía copiado en limpio y preparado para la impresión. Su principal importancia consiste en revelarnos las doctrinas que enseñaba Bello á sus discípulos; fuera de eso es materia completamente envejecida. Su larga estancia en Inglaterra lo impulsó á abrazar la filosofía allí entonces imperante, los sistemas de la escuela escocesa, muy en consonancia, además, con sus tendencias espiritualistas y con su modo práctico de considerar los problemas de la ciencia y de la vida. Entre los varios filósofos que escribían ó profesaban en ese tiempo parece haber preferido, aunque á veces refutándolo, á Thomas Brown, poeta también y prosista distinguido. Pero los libros de Brown están ya completamente olvidados aun en Inglaterra misma, y nada ó casi nada queda hoy de sus aplaudidas doctrinas filosóficas. El tratado de Bello se distingue por la claridad de la exposición y la excelente distribución de sus partes; es un libro de enseñanza, del género de los que compuso el presbítero Balmes, y si no escrito con la animación y brillantez que distinguen al polemista catalán, tiene en el fondo más solidez y más sinceridad en la discusión, y la forma es mucho más correcta, á pesar de que Bello distaba mucho de escribir en prosa tan bien como en verso.